miércoles, 15 de mayo de 2013

Brasil legaliza el matrimonio homosexual por la vía judicial


El Consejo Nacional de Justicia aprueba una resolución que obliga a los funcionarios de los registros a casar a personas del mismo sexo

Por  Río de Janeiro 14 MAY 2013 - 20:57 CET


Multitudinaria marcha del Orgullo en Sao Paulo en 2007 / PAULO WHITAKER (REUTERS)
El Consejo Nacional de Justicia de Brasil (STJ), presidido por el juez Joaquim Barbosa, también presidente del Supremo, ha aprobado este martes una resolución por 14 votos contra uno que obliga a las notarías de todo el país a celebrar el matrimonio de personas del mismo sexo, así como a convertir en matrimonio las uniones estables de las mismas.
La decisión del STJ se ha basado en la tomada en 2011 por el Supremo Tribunal Federal (STF), la máxima Corte de Justicia del país, que consideró constitucional la unión de los homosexuales en matrimonio civil.
Desde entonces jueces de diferentes regiones del país comenzaron a admitir peticiones de homosexuales y lesbianas que deseaban contraer matrimonio. La opinión pública había forzado para que la Justicia legislase sobre el tema en todo el territorio nacional sin dejarlo a la decisión personal de cada juez. Es lo que propuso al STJ Barbosa, que acaba de ganar la batalla casi por unanimidad y que aumentará ahora la alta popularidad adquirida como juez instructor implacable del caso mensalão, por el que ha condenado a la cárcel a numerosos políticos, empresarios y banqueros.
La resolución del STJ es contundente. Prevé que negarse a celebrar el matrimonio civil de homosexuales implicará la “inmediata comunicación al respectivo juez que tomará las providencias necesarias”.
En teoría la decisión del STJ podría ser recurrida ante el plenario del Supremo por parte del Congreso Nacional, que aún no ha aprobado el matrimonio gay. Sin embargo, fue el propio Supremo el que se adelantó en 2011 a declarar constitucionales tales uniones matrimoniales a la espera de los congresistas que durante años, por presiones sobre todo de las iglesias evangélicas, no se decidían a legislar sobre la materia.
En la práctica parece difícil que el Supremo pueda legislar contra lo ya aprobado, por lo menos mientras se mantenga el juez Barbosa en la presidencia.
Sin embargo, en el Alto tribunal no hubo unanimidad en su día. La mayoría de los magistrados votaron a favor de la constitucionalidad de las uniones homosexuales, subrayando que con ello quedaba reconocido el derecho de los mismos a contraer matrimonio civil, pero una minoría se declaró favorable a que esa decisión fuera ratificada por el Congreso.
Estos últimos años ha habido una cierta tensión entre el Supremo y el Congreso, más liberal el primero y más conservador el segundo, por el miedo de diputados y senadores a no indisponerse con sus electorados cuando en ellos emerge la presencia de evangélicos y católicos contrarios al reconocimiento del matrimonio gay.
Ahora mismo existe una gran polémica porque ha sido elegido presidente de la Comisión de Derechos Humanos el diputado Marco Feliciano, pastor evangélico acusado de racista que defiende que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser curada y que se opone radicalmente al matrimonio de personas del mismo sexo.

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